domingo, 5 de mayo de 2013

El rayo de Dios y el rayo del Diablo (I de II) ―bioelectricidad y magnetismo astral


La vida no es posible sin campos electromagnéticos, y la salud óptima no es posible si los campos electromagnéticos están desequilibrados durante largos periodos de tiempo. La energía magnética es la energía de la Naturaleza en equilibrio.
 (Doctor Richard Broeringmeyer, editor de "Bio-Energy Health Newsletter").

Cuando consideramos la vida orgánica a la luz de la biofísica, encontramos que los fenómenos eléctricos se hallan en la raíz de toda la vida celular y llegamos a la conclusión de que al final de todo hay una carga eléctrica.
 (Dr. J. Bellot).


Los tipos de contaminación que suelen acaparar más la atención del público son la contaminación atmosférica, la acuática, la acústica y las diversas formas de intoxicación por productos químicos, comida inapropiada, productos de limpieza y similares. Sin embargo, hay una forma de contaminación de la que casi nadie es consciente, a pesar de que sus efectos son igual de graves o más que las formas antes mencionadas: la contaminación electromagnética o electrosmog. Para comprender la gravedad del problema, en este artículo comenzaremos dando un repaso a la importancia de los campos magnéticos y la bioelectricidad humana, y en la segunda parte nos meteremos de lleno en los efectos perniciosos de los campos electromagnéticos artificiales.



LA IMPORTANCIA DE LOS CAMPOS MAGNÉTICOS NATURALES EN EL ORDEN CÓSMICO

Las fuerzas universales de atracción y repulsión entre dos polos son las que mantienen la materia en orden, soldando las partículas atómicas, moviendo los electrones, rigiendo las reacciones químicas y cohesionando el sistema solar, las galaxias y toda estructura material. Cuando el Big Bang dividió la unidad primigenia, surgieron espontáneamente las dos fuerzas opuestas, como polo positivo y negativo de un inmenso campo electromagnético. A partir de ahí, la interacción entre esos dos polos moldeó al Universo tal y como lo conocemos hoy.

Por tanto, los campos electromagnéticos son tan antiguos como el mismo Cosmos y están relacionados con esta interacción entre dos extremos energéticos. El mundo material perceptible por los cinco sentidos convencionales se caracteriza por ser una encrucijada entre estos dos mundos, uno "oscuro" y otro "luminoso". Las tradiciones antiguas han identificado estos extremos de muchas maneras distintas: los taoístas hablaban de Yin-Yang, los antiguos germanos de hielo-fuego, los hindúes de Prakriti-Purusha, los cristianos de infierno-cielo, los maniqueístas de oscuridad-luz, y otros han hecho diversas contraposiciones igualmente válidas, como caos-orden, dionisiaco-apolíneo o devenir-ser. En los seres vivos más evolucionados, la polaridad esencial para la vida se manifiesta en la relación sexual entre macho y hembra, mientras que en química y alimentación, tenemos la contraposición alcalino-ácido. En el microcosmos, la polaridad viene representada por electrones, protones, iones y otras partículas, y hasta la informática se rige a día de hoy por un sistema polar llamado "binario", que emplea el 0 (la nada) y el 1 (el ser absoluto). Del mismo modo que una corriente eléctrica necesita dos polos para fluir (gradiente de potencial), también la vida y cualquier sistema precisa de dos extremos para desarrollarse, bajo un equilibrio similar al de una balanza. Sin tensión, no hay vida.

En lo que al espectro electromagnético se refiere, hablamos de una dimensión "infrarroja" y una "ultravioleta". En el lugar donde se cruzan y se mezclan estas dos dimensiones, surge la luz del espectro visible, es decir, los siete colores del arco iris, donde el rojo es el más "bajo" y oscuro, el violeta el más "elevado" y luminoso, y el verde ocupando una posición intermedia. Los hindúes y budistas consideran que la disposición de los plexos nerviosos humanos, llamados por ellos chakras, refleja un orden de existencia piramidal, en el que el primer chakra es la raíz en contacto con el mundo (infrarrojo) de la Madre Tierra, y el séptimo el receptor del mundo (ultravioleta) del cielo, el firmamento y el resto del Universo. Bajo este punto de vista, el ser humano es literalmente un conductor entre ambos mundos, en el que ambas fuerzas opuestas fluyen, se mezclan, coinciden y se concilian, particularmente a la altura del corazón.

El espectro de luz visible es sólo una pequeña porción del espectro electromagnético total, y se corresponde con la minúscula zona intermedia (el frente de batalla, si se quiere), donde se cruza lo ultravioleta con lo infrarrojo. El cuerpo humano, dispuesto verticalmente con sus siete principales plexos nerviosos, aparece como conductor de fuerzas entre ambas dimensiones, absorbiendo energías de la atmósfera a través de la respiración, la piel y los ojos, y pasándola a la Tierra a través de los pies. El color verde, elemento central de este espectro, se corresponde con la biosfera terrestre. Todo lo que hay por debajo de él está relacionado con la Tierra, y lo que hay por encima, con la atmósfera y el espacio.

Como todo el mundo sabe, nuestro planeta es un enorme imán, con "positivo" en el polo norte magnético, y "negativo" en el polo sur magnético. Esta polaridad se manifiesta, entre otras cosas, en la tendencia de las brújulas a apuntar al Norte, así como en fenómenos atmosféricos como las auroras. Los acontecimientos sísmicos y climatológicos también están estrechamente relacionados con el electromagnetismo, ya que el hierro del núcleo terrestre, así como el magma, son materiales altamente conductores, y el viento solar excita las partículas de la atmósfera volviéndolas reactivas y poniéndolas en movimiento. Los polos han cambiado de lugar innumerables veces a lo largo de la historia geológica de la Tierra. Se cree que el último cambio de polos pudo haberse dado hace 12.500 años, y que la desglaciación fue un efecto derivado. Algunos relacionan los cambios en el campo geomagnético con la aparición y desaparición de ciertos homínidos.

Las auroras polares (boreal y austral) son el fenómeno atmosférico más representativo de la condición magnética de la Tierra. Suceden cuando un viento solar cargado eléctricamente es captado por la ionosfera y guiado hacia los polos. Cuando las partículas del viento solar chocan contra los átomos y moléculas del aire terrestre, los vuelven reactivos y se libera energía en forma de luz. Las auroras presentan más actividad cuando las temperaturas son bajas, por lo que durante la última edad de hielo debieron ser más intensas y probablemente se dieron en latitudes más alejadas de los polos.

Pero la polaridad de la Tierra no sólo se manifiesta en la oposición Norte-Sur. El suelo en sí es un polo negativo con respecto a la atmósfera. Un informe de una empresa que fabricaba ionizadores para la NASA escribía que

Se ha determinado con plena certeza que existe un campo eléctrico entre la Tierra y la atmósfera. Este campo eléctrico natural es normalmente positivo en relación con la Tierra, y su fuerza suele ser del orden de varios centenares de voltios por metro.

Dice Daniel Reid, en "El tao de la salud, el sexo y la larga vida":

El gradiente de potencial es mayor en lugares como las montañas, las playas, los parques y otros espacios abiertos, donde los iones negativos fluyen libremente desde el polo Yang positivo de la atmósfera al polo Yin negativo de la Tierra. Todos los organismos vivos situados entre ambos polos actúan como conductores de esta energía.

Victor F. Hess ganó el premio Nobel en 1912 por haber descubierto que el origen de los rayos cósmicos, responsables de la ionización de la atmósfera, no sólo estaba exclusivamente en el Sol, sino en toda la galaxia, notablemente debido a las supernovas y el viento estelar o galáctico. En 1980, la misión espacial MAGSAT confirmó que la Tierra recibe influencias magnéticas del Sol y el resto del mundo sideral. El biólogo ruso Aleksandr Petrovich Dubrov realizó 1228 experimentos basándose en los efectos del magnetismo sobre seres humanos, animales, aves, insectos y plantas. Vio claramente que existía una correlación directa entre el bombardeo de rayos cósmicos procedentes de protuberancias solares y los ataques al corazón, accidentes industriales y de carretera, y episodios de esquizofrenia aguda. Concluyó que toda la materia, incluyendo la no-orgánica, se veía fuertemente influenciada por los rayos cósmicos, y que los seres vivos se veían afectados de tal modo que hasta cambiaba la sustancia reproductiva, el material hereditario y la estructura del ADN. En "The Geomagnetic Field and Life: Geomagnetology" (1978), Dubrov concluye que las fuerzas geomagnéticas y cósmicas son un importantísimo factor evolutivo, y que las formas de vida se encuentran sintonizadas con los ritmos magnéticos de la Tierra y el firmamento. Dubrov propuso profundizar en una rama científica a la que llamó "astrobiología" (no confundir con el mismo término acuñado por la NASA, que se refiere al estudio de posible vida extraterrestre). Dubrov tiene libros muy interesantes y sigue activo en conferencias e investigaciones. Por su parte, el Dr. Robert O. Becker (1923-2008, autor de "Electromagnetism and life", "Cross currents" y "The body electric") comprobó que las tempestades magnéticas coinciden siempre en un aumento en el ingreso de pacientes en hospitales mentales, y en brotes psicóticos inexplicables por parte de pacientes ya hospitalizados.

Actualmente conocemos bien el efecto que tienen los campos magnéticos, no sólo sobre la Tierra (velocidad a la que gira, actividad sísmica, gravedad, órbita, climatología, etc.) sino también sobre el comportamiento y la salud del ser humano. Sabemos, por ejemplo, que ciertos vientos (como el Levante en Cádiz) provocan estrés, que algunos acontecimientos astrales (como eclipses) van seguidos de un aumento de crímenes e ingresos en psiquiátricos, que el ciclo lunar (además de regir las mareas) está relacionado con el ciclo reproductivo de la mujer, o que cuando la Luna está llena, el vello facial y corporal crece más de lo habitual. La influencia de los campos magnéticos astrales, rige hasta cierto punto los biorritmos o biociclos (como el de sueño-vigilia), la conducta y la orientación, ya que en nuestros cuerpos hay electrones, iones y metales que son sensibles a estas fuerzas.

Pero la influencia de los astros no se detiene aquí. Las tormentas solares pueden causar interrupciones totales en todos los sistemas terrestres que empleen un campo electromagnético. Así sucedió en 1859 y en 1921, años en los que se registraron graves apagones e interrupciones de la telegrafía (la tormenta magnética de 1859 atacó los cables telegráficos con tal fuerza que prendió fuego al papel telegráfico y electrocutó trabajadores). Actualmente, en un mundo mucho más dependiente de la tecnología, los efectos de una tormenta solar fuerte serían bastante más dramáticos. El apagón de Quebec de 1989, causado por una tormenta solar, dejó a seis millones de personas sin electricidad. 

La magnetosfera terrestre, causada por el hierro del núcleo, ayuda a amortiguar, en conjunción con la atmósfera, los efectos del constante bombardeo cósmico, "seleccionando" los rayos y logrando unas condiciones idóneas para la vida. Es un hecho bien conocido que las tormentas, erupciones, vientos y manchas solares tienen un fuerte efecto en el campo magnético de la Tierra (llegando a causar tormentas magnéticas, apagones eléctricos, interrupción de telecomunicaciones, etc.) y en el comportamiento humano. Sin embargo, el Sol y la Tierra no son los únicos cuerpos astrales a cuya influencia está sujeto el ser humano. La Luna, Marte, Venus, todos los cuerpos del sistema solar, los cometas y las estrellas del espacio exterior, tienen también, en mayor o menor medida, efectos electromagnéticos sobre nuestro planeta y sobre nosotros mismos.

Nuestros antepasados fueron plenamente conscientes de todos estos asuntos ya durante el Paleolítico, y de la necesidad de interpretarlos y explicarlos, nacieron la astrología y la astronomía. Los hombres y mujeres antiguos sabían que los primeros días y meses de un niño lo marcan para el resto de su vida, y que no sería igual un niño que había nacido bajo la influencia de Marte, con luna llena, en plena primavera y con la nieve derritiéndose, que un niño nacido bajo la influencia de Venus, con luna nueva y en otra época del año abundante en nevadas ―por mucho que ambos niños compartiesen la misma carga genética. Éste es el significado originario del zodiaco, así como de la simbología astral presente en la alquimia, que con el paso del tiempo y el desarrollo de la civilización humana, se han ido distorsionando hasta convertirse en caricaturas sensacionalistas de lo que antaño fueron.

De ese reconocimiento instintivo de la influencia astral proceden las tradiciones rituales, con sus calendarios, fiestas, acontecimientos programados y la división del firmamento en doce "parcelas": los signos del zodiaco. La mejor época para casarse, para librar una guerra o un torneo, para promulgar una ley, para construir un templo, para cortar madera, para concebir un hijo, para cazar, para sembrar, para cosechar y un larguísimo etc., venía determinada por la configuración astral y la influencia de la Tierra. Los chinos elevaron esto a la categoría de ciencia con el Feng-Shui. Puede decirse que el baile de los astros en el firmamento y el estado de la Tierra regían el "tempo" de las sociedades tradicionales. Para corroborarlo, los dioses y los planetas compartían nombres en Roma, y a día de hoy seguimos llamando a los días de la semana por el nombre de los antiguos dioses paganos. 


Planetas con nombres de dioses, o dioses con nombres de planetas. La Tierra no es el único cuerpo del Sistema Solar que tiene auroras boreales. Los gigantes gaseosos (Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno) tienen campos magnéticos muchísimo más poderosos que el terrestre, enormes cinturones de energía y atmósferas gaseosas altamente reactivas, a menudo plagadas de vientos y tormentas (como el famoso "ojo de Júpiter"). Mercurio también tiene campo magnético, y en Marte se han observado asimismo auroras. Arriba, aurora boreal de Júpiter. El telescopio Chandra captó los rayos X y los coloreó de magenta, y el Hubble captó los ultravioleta, coloreándolos de azul. Centro, aurora austral en el polo sur magnético de Saturno, fotografiada por el Hubble el 28 de Enero de 2004. Abajo, aurora magnética en Urano, captada por el NICMOS (astronomía infrarroja) desde el Hubble, en 1998.



POR QUÉ EL SOL ES LA VIDA

Los chinos denominan Yang a la energía positiva y atribuyen su origen al Sol y las estrellas, la energía negativa la denominan Yin, y atribuyen su origen a la Tierra.
(Soulié de Morant, cónsul francés en Shanghai, 1919).

El Sol manda a nuestra atmósfera radiaciones ultravioleta y vientos solares consistentes en partículas cargadas eléctricamente (protones, electrones, helio y otros iones), que alcanzan velocidades de 400 a 500 km por segundo. La interacción del hombre con el Sol procede de los albores de nuestra especie y ha modelado enormemente nuestra evolución. Hay una relación comprobada científicamente entre la luz solar que penetra por el nervio óptico y las secreciones químicas del cerebro. Los factores clave en este proceso son los rayos ultravioleta A (UVA) y la retina, cuyas células epiteliales se vuelven altamente neuroactivas en presencia de los ultravioleta, transmitiendo las radiaciones a través del nervio óptico como un poderoso impulso nervioso directamente a las glándulas pituitaria y pineal, que a su vez segregan una serie de sustancias químicas. A esto se le llama "sistema oculoendocrino" y ha dado lugar a una rama científica llamada fotobiología.

De esto se desprende que la cantidad y la calidad de la luz que llega a los ojos y a la piel es tan importante como las características del aire que se respira, el agua que se bebe, los alimentos que se comen y las sustancias químicas a las que estamos expuestos. Del mismo modo que el hombre no puede esperar mantener una salud excelente comiendo comida desnaturalizada y despojada de sus nutrientes, ni respirando aire contaminado, tampoco puede sostenerse a base de luz desprovista de sus "nutrientes" ultravioleta.

Es difícil encontrar una tradición ancestral que no rinda culto de alguna forma al Sol como fuente de vida, salud y energía. Los rituales de muerte y resurrección del Sol Invicto han pasado a prácticamente todas las religiones y han marcado el imaginario colectivo de civilizaciones enteras. Ahora sabemos que las radiaciones y el viento solares, literalmente rigen la mayor parte de fenómenos de nuestro planeta, desde terremotos y la climatología, hasta el comportamiento y las mutaciones genéticas y la aparición de nuevas razas, especies y formas de vida.

En tiempos paleolíticos, las razas humanas nórdicas tuvieron menor exposición al Sol debido a su necesidad de abrigarse por el frío, de modo que lo compensaron reduciendo drásticamente la pigmentación de su piel y de sus ojos para permitir la entrada de los beneficiosos rayos cósmicos a su cuerpo y a su cerebro. Gracias a esto y a su alimentación rica en grasas animales saturadas, nuestros antepasados no sólo pudieron seguir sintetizando con éxito la vitamina D necesaria para sobrevivir a los rigores del último máximo glacial, sino también para construir los cuerpos más grandes y los esqueletos más sólidos (Neandertal y Cromagnon) de todo el registro fósil humano.

Cuando, como resultado de cambios en la actividad solar, advino el cambio climático hace unos 12.000 años, hubo enormes trastornos metabólicos en el cuerpo humano, no sólo debido al calor, sino también a la agricultura, que tuvo un impacto catastrófico en los hábitos alimenticios humanos. La síntesis de vitamina D cayó en picado debido a la sustitución de las grasas saturadas animales por hidratos de carbono complejos, y esta deficiencia de vitamina D no se compensó aumentando la exposición del cuerpo al Sol. Comenzó la degeneración, lenta pero inexorable, de la calidad biológica humana en las sociedades civilizadas.

Con el auge de la civilización industrial, el problema del contacto con la luz del Sol se agravó. La densa capa de contaminación que ahora rodea el planeta ha reducido la intensidad solar, tendiendo a eliminar concretamente la banda ultravioleta del espectro. En el observatorio de Mount Wilson (California) los astrónomos han constatado una reducción del 10% en la intensidad media de la luz a lo largo de la segunda mitad del Siglo XX, y una espectacular reducción del 26% (!) en la llegada de radiaciones ultravioleta. Sin embargo, así como ha disminuido la cantidad de rayos UVA debido a la capa de porquería atmosférica, el deterioro de la capa de ozono ha aumentado la cantidad de rayos UVB, dañinos para la vida. Este trastorno en la composición de las radiaciones solares ha tenido consecuencias inmediatas sobre la biosfera, por ejemplo en la agricultura, reduciendo las cosechas y la resistencia de las plantas a las plagas, hasta el punto de que muchos agricultores llegan a cubrir el suelo de sus cultivos con papel de aluminio, a fin de incrementar la radiación. Sin embargo, si la decadencia de la luz solar ha producido estos efectos en la agricultura, deberíamos preguntarnos seriamente qué efectos estará ejerciendo sobre el sistema oculoendocrino humano, y qué se puede hacer para luchar contra ellos.

Desgraciadamente, el problema de la deficiencia de rayos ultravioleta no se limita a la contaminación atmosférica ni a la manía de abrigarse demasiado debido a hábitos sedentarios, mala alimentación y un metabolismo deprimido. Las ventanas de vidrio, los parabrisas de automóvil, las gafas (transparentes u oscuras) y las lentillas de contacto, eliminan buena parte de la porción ultravioleta del espectro solar. Del mismo modo, la iluminación artificial que utilizamos en nuestros hogares, lugares de trabajo, hospitales, centros educativos, etc., carece totalmente de la banda ultravioleta. La gente suele pasar la mayor parte de su tiempo bajo techo, entre cristales y paredes, y cuando salen a la calle a menudo es con gafas de sol. El ocio ha dejado de consistir en actividades deportivas o salidas al campo, y se ha sustituido por las compras, la televisión, los videojuegos y las reuniones en lugares cerrados y aislados de la atmósfera y la Tierra. El sistema de vida actual nos está sometiendo, por tanto, a un régimen de exposición de luz totalmente alejado de lo que nuestro cuerpo realmente necesita para estar sano.

Imagen del Sol en espectro ultravioleta.

Los soviéticos estaban muy adelantados en el estudio de la fotobiología y la helioterapia (utilización del Sol con fines curativos, actualmente existen prácticas similares como el sungazing o el yoga solar). En 1967, en una reunión del Comité Internacional de Iluminación en Washington, tres científicos rusos presentaron el resultado de sus investigaciones:

Si la piel humana no permanece expuesta a las radiaciones solares (directas o dispersas) durante largos períodos de tiempo, se presentan alteraciones en el equilibrio fisiológico del organismo humano. Los resultados son perturbaciones funcionales del sistema nervioso y deficiencia de vitamina D, con un debilitamiento de las defensas del cuerpo y una agravación de las enfermedades crónicas.

Por su parte, el Dr. Michael Gitlin (Institudo Neuropsiquiátrico de la Universidad de California), comprobó que cuando faltaba la luz solar, el cerebro comenzaba a segregar melatonina, una hormona que en condiciones normales sólo se reserva para las horas de poca luz, y que produce somnolencia, letargo, apatía y depresión ("tristeza invernal"). El 70% de sus pacientes respondió positivamente a un tratamiento a base de luz artificial de espectro completo (incluyendo ultravioleta). Con luz solar los resultados habrían sido, a no dudarlo, incluso mejores. También se experimentó en algunos institutos: la instalación de luces de espectro completo brindaba resultados inmediatos, como el descenso de los dolores de cabeza, mareos, fatiga, irritabilidad, depresión e incluso la mejora de los resultados académicos.

Imágenes del Sol capturadas en distintas longitudes de onda. Desde arriba a la izquierda y en el sentido de las agujas del reloj: radio, microondas (el punto negro es Venus), rayos X e infrarrojos. El Sol manda radiaciones de todo el espectro electromagnético. Del mismo modo que el útero de la mujer ejerce una labor seleccionadora sobre el semen del hombre, también la magnetosfera y la atmósfera terrestres "filtran" la luz y el viento solar de sus elementos perniciosos para la vida (rayos gamma, rayos X, rayos ultravioleta C y B, microondas).



EL CAMPO ELECTROMAGNÉTICO DE LOS SERES VIVOS

Dado que nuestros cuerpos están hechos de material conductor y estamos dentro del campo magnético de la Tierra, es lógico suponer que nuestros cuerpos son como imanes. Un imán tiene dos polos que deben estar ubicados en la línea central del imán, de lo que se puede deducir fácilmente que los polos de nuestro cuerpo han de estar en algún lugar de la cabeza y en la base del abdomen.
 (Dr. Yang Jwing-Min, "The root of chinese Chi-Kung").

La ciencia no ha hecho más que confirmar aquello que las tradiciones más avanzadas han sabido desde siempre: que en los seres vivos hay una fuerza vital invisible que se manifiesta en todo un sistema bioelectromagnético. Los chinos llamaron Qi o Chi a esta fuerza, los japoneses Ki, los koreanos Gi, los egipcios Ka, los hindúes Prana, los polinesios Maná, Aristóteles "éter", los maniqueos "luz" y los cabalistas judíos "luz astral". Los pitagóricos griegos ya hablaron de una energía que todo lo impregna, los hipnotistas Van Helmont y Franz Anton Mesmer reconocieron el "magnetismo animal", el Dr. Reichenbach habló de "fuerza ódica", Wilhelm Reich del "orgón", Von Liebenfels del "elektron de los dioses", los nazis del "vril" y los científicos soviéticos de la "energía bioplásmica". La lista se dilata, evidenciando que la bioenergía (como soy partidario de llamarla) se trata de una noción universal perfectamente explicable por la ciencia, no un delirio de cuatro místicos aislados. En India y en China, el arte de absorber energía de la atmósfera mediante ejercicios respiratorios (PranayamaChi-Kung) es considerado una ciencia, en cambio actualmente en Occidente no existe ninguna disciplina comparable.

Igual que el planeta, el cuerpo humano posee un campo electromagnético y precisa por tanto de dos polos magnéticos para tener equilibrio. Nuestro polo positivo se encuentra en el centro del cerebro, a la altura del entrecejo (plexo cavernoso), y nuestro polo negativo, en el centro del bajo vientre (plexo prostático o uterino), coincidiendo con el centro de gravedad de nuestro cuerpo. Ambos "polos" coinciden con zonas anatómicas de estructura laberíntica y un enorme gasto metabólico. De hecho, en el artículo sobre la revolución carnívora ya hemos visto cómo el cerebro sólo pudo crecer y desarrollarse cuando rebajamos el gasto metabólico del sistema digestivo gracias a la consumición de carne cocinada. Ambos sistemas, por tanto, forman parte de una balanza metabólica y magnética, y determinan el equilibrio de nuestra salud.

El campo electromagnético humano como una batería con sus dos polos. La antropología evolutiva demuestra que, en el cuerpo humano, el desarrollo del "laberinto superior" (el cerebro) se llevó al cabo reduciendo el gasto metabólico y simplificando la estructura del "laberinto inferior" (los intestinos) gracias a la revolución carnívora y otros efectos evolutivos del frío.

El campo electromagnético más fuerte del cuerpo humano es el corazón, órgano al que en diversas tradiciones se le ha concedido una importancia enorme como centro del ser del individuo. Se ha determinado que el corazón emite un campo que es 100 veces más poderoso en lo eléctrico y 5.000 veces más poderoso en lo magnético, que el campo electromagnético del cerebro. Este campo cardíaco está en continua interacción con el cerebro y se acopla a (además de influir en) los diversos biorritmos, latidos, estados de ánimo, etc., tanto nuestros como de las personas que nos rodean.

Campo electromagnético del corazón. El corazón viene a ser el intermediario que concilia los poderes del cerebro y los del vientre.

Muchos animales hacen extenso uso del magnetismo y/o de la electricidad. Por ejemplo, las palomas mensajeras se orientan sintonizando los cristales de magnetita de su corteza cerebral con el campo magnético de la Tierra. Gracias a esto, son capaces de encontrar su camino a través de la niebla o en noches oscuras, sin absolutamente ningún punto de referencia visual. Sin embargo, cuando se les atan a la cabeza pequeñas barras de imán, pierden su capacidad magnética, y su sentido de la orientación queda anulado. También se han encontrado diminutas partículas superparamagnéticas en las vellosidades del abdomen de las abejas, y que se cree son responsables de su capacidad para encontrar sus fuentes de alimentación incluso en días de densa niebla. Los tiburones, rayas y otros animales marinos, poseen las llamadas ampollas de Lorenzini, órganos sensoriales con los que se detectan campos magnéticos. De hecho, los buzos y surfistas a menudo utilizan dispositivos electromagnéticos para aturdir estos órganos y prevenir ataques violentos. Las anguilas eléctricas, capaces de producir descargas de hasta 600 voltios, son otro buen ejemplo de bioelectricidad. Es conocida la susceptibilidad de los animales en general, que a menudo se adelantan instintivamente a ciertas catástrofes naturales como los terremotos, las inundaciones o las erupciones volcánicas, relacionadas con la actividad del subsuelo ―que a su vez se halla influido por los metales del núcleo terrestre, el magma, la magnetosfera y la actividad solar. Los bebés, que nacen en gran medida intactos de los estragos causados por la vida civilizada y que tienen un cráneo más delgado, así como muchos niños, suelen mantener también una alta sensibilidad magnética. Esto dura generalmente hasta que los huesos se fortalecen, las suturas craneales se sueldan, el sistema endocrino va cambiando y la vida moderna va erosionando el organismo a todos los niveles.

Hoy sabemos que el ser humano tiene un órgano bioelectromagnético sensorial comparable, que se relaciona con dos importantes glándulas del centro del cerebro (la pituitaria y la pineal) y que, antes del advenimiento de la sociedad tecnologizada, los humanos tuvimos, seguramente más que los animales, ciertas facultades relacionadas con esto. El británico Dr. Richard Baker descubrió (y ver aquí) que existe una masa de cristales de magnetita ligeramente por encima y por debajo del pasaje nasal, justo delante de la glándula pituitaria. Esto fue definitivamente corroborado en 1992 por Joe L. Kirschvink, en su estudio "Magnetite biomineralization in the human brain". Sin embargo, este hecho ya era conocido en la práctica desde hacía mucho tiempo. En Oriente, donde han florecido las tradiciones (hinduísmo, taoísmo, budismo, etc.) que mejor conocen el cuerpo humano, esta zona era llamada "campo del elixir superior", "ojo celestial", "saber" (ajña), "perla de la sabiduría", urna, "ojo de Shiva", "ojo de fuego de la percepción trascendental", "punto brillante", y otros muchos sobrenombres de connotaciones claramente metafísicas. Se consideraba que aquí residía un centro energético importante que, al ser activado, brindaba al adepto percepciones más allá de los cinco sentidos convencionales. Por su parte, los hipnotistas han intuido desde su origen que por encima de la nariz hay un poderoso campo magnético, y siempre han dirigido hacia él su atención y concentración.

La glándula pineal produce neurohormonas como la melatonina y la serotonina, dos sustancias que rigen prácticamente nuestro estado de ánimo influyendo sobre nuestras funciones vitales (apetito, sueño-vigilia, libido, etc.). Se sabe que la pineal es altamente sensible hasta a las más leves oscilaciones del campo magnético de la Tierra, y que éstas influyen en sus secreciones. Por tanto, no hay ningún motivo para no pensar que es igualmente sensible a los campos electromagnéticos astrales y a los nuevos campos artificiales ―muchos de los cuales son infinitamente más potentes que los naturales.

Las corrientes directas que circulan por el cerebro humano y el sistema nervioso gracias a la actividad cerebral, también causan un campo magnético: se trata del aura representada en torno a las cabezas de los santos, dioses y ángeles, tanto en Occidente como en Oriente. Existen seres particularmente perceptivos (como los niños, muchos animales, y personas que han cultivado esta facultad o que la han conservado) a los campos magnéticos; algunos todavía llegan a verlos a simple vista.


Como la Tierra, el cuerpo humano está surcado por infinidad de canales de energía que no necesariamente coinciden con los nervios ni con los vasos sanguíneos. Las corrientes eléctricas naturales del cuerpo están tan reconocidas que se emplean en electrocardiogramas, encefalogramas, detectores de mentiras que miden el potencial eléctrico de la piel, etc., y se sabe que un shock eléctrico aplicado a tiempo puede solucionar una parada cardiaca. También sabemos (Dr. Dimier y Dr. E. Biancini) que en personas de buena salud, la carga eléctrica ronda un promedio de 8 microamperios, y en personas fatigadas, 1 ó 2, mientras que por el contrario, las personas sobreexcitadas o hiperactivas se encuentran en un estado de "cortocircuito", a 15 microamperios. Todo el sistema nervioso viene a ser un árbol bioeléctrico que rige nuestro organismo desde su "cuartel general" cerebral. La acupuntura china conoce al dedillo estos canales (a los que llama "meridianos"), buena parte de los cuales termina en las plantas de los pies y en las palmas de las manos, y ha fusionado este conocimiento con la ciencia occidental para producir la electroacupuntura, un eficaz método de terapia de lesiones y otros males. El Hospital General de Veteranos de Taipei (Taiwán) ha llevado al cabo con mucho éxito diagnósticos precoces (antes de la manifestación sintomática) de enfermedades con hasta un 80% de éxito, sin emplear ninguno de los métodos (análisis de sangre, rayos X, estetoscopios, etc.) asociados a la medicina moderna occidental, totalmente basada en una perspectiva química y mecanicista (por no mencionar económica) del hombre, e ignorante en cambio de la física del cuerpo, o biofísica. En Korea del Sur, China, Taiwán y Japón, los métodos que aunan lo tradicional y lo moderno, están a la orden del día, y sus especialistas tienen gran éxito cuando se mudan a Occidente.

Si el cuerpo humano es como un circuito surcado por corrientes eléctricas, ¿dónde y cómo se almacena la energía absorbida de la atmósfera a través de la respiración, los ojos y la piel? Como en una batería, la bioenergía se guarda en los electrolitos de los fluidos vitales, asociados al bajo vientre, nuestro "polo sur" negativo. Los electrolitos (conductores eléctricos en los que la corriente se transmite por iones en lugar de por electrones), se almacenan en estos fluidos hasta que son liberados en forma de impulsos nerviosos, a instancias del cerebro. Esto explica la importancia que dan las religiones orientales al cultivo y conservación de "esencias" del organismo, especialmente del semen.

La serpiente del cielo. El relámpago es la manifestación más obvia y puntual de la interacción electromagnética natural entre la Tierra y el cielo. También se da cuando las erupciones volcánicas o los incendios forestales lanzan grandes cantidades de partículas ionizadas al aire. Los pueblos indoeuropeos lo relacionaban con dioses masculinos de la atmósfera, como Thor, Zeus, Júpiter, Perun o Indra. Algunos consideran que las primeras formas de vida surgieron cuando cayeron rayos sobre el mar, ionizando el agua, transmitiéndole energía y separando lo ácido de lo alcalino.


Las investigaciones de von Reichenbach y Wilhelm Reich

A mediados del Siglo XIX, el barón alemán Dr. Karl Ludwig von Reichenbach dedicó tres décadas a la investigación de campos magnéticos. Von Reichenbach, un verdadero superdotado y genio de su tiempo, respetado químico, geólogo, metalurgo, naturalista, filósofo y miembro de la Academia Prusiana de Ciencias, había descubierto varios productos químicos derivados del alquitrán y económicamente importantes, contribuyendo enormemente a la industria química de su país, que tanto influyó en el impresionante boom alemán. Sin embargo, sus aportes más notables iban a venir por su interés en profundizar en una teoría de Galileo, según la cual la Tierra estaba magnéticamente conectada a una fuerza central universal en el espacio exterior. Reichenbach, metalurgo experimentado, consideraba que esto se debía al hierro del núcleo terrestre.  

En 1839, se retiró del mundo industrial y comenzó una investigación de las patologías del sistema nervioso humano, concluyendo que estaban en buena medida influenciadas por la Luna. Influenciado por la obra de Mesmer, postuló que el sistema nervioso humano era susceptible a los entornos magnéticos, pero sus investigaciones acabaron llevándole mucho más lejos. En todo imán detectó, tras pasar tiempo a oscuras para sensibilizar los ojos, un brillo rojo en su polo sur o negativo, y un brillo azul en su polo norte o positivo, y acabó dando con la existencia de una fuerza universal que fluía entre estos dos polos, que impregnaba a todo ser vivo y que se manifestaba como una combinación de electricidad, magnetismo, calor y finalmente luz. A esta energía la llamó "fuerza ódica" u Od (curiosamente, ése es el nombre que daban los antiguos escandinavos a la energía que inspiraba a los bersekers o guerreros poseídos). Von Reichenbach expuso con detalle su teoría en un largo artículo titulado "Investigaciones sobre magnetismo, electricidad, calor y luz en relación a las fuerzas vitales", que apareció en un número especial de un prestigioso jornal científico, "Annalen der Chemie und Physik". Entre otras cosas, dijo que el Od tenía un flujo negativo y positivo, un lado oscuro y otro luminoso, y que los individuos podían emanarlo voluntariamente de las manos, la boca y la frente.

Barón Dr. Karl Ludwig von Reichenbach (1788-1869).

Otro caso que confirmó la misma idea, vendría al siglo siguiente, de la mano de un judío austriaco (aunque no fue educado en el judaísmo y él mismo no se consideraba judío), el Dr. Wilhelm Reich. Como Freud y Karl G. Jung en un comienzo, Reich perteneció al círculo de psicoanálisis freudiano de Vienna. Acabaría rompiendo con el círculo, pero nunca llegaría a desprenderse de su obsesión freudiana con la sexualidad como causa subyacente de todos los trastornos psicológicos. Tras haber coqueteado con el marxismo, y tras ser rechazado por los freudianos, sería rechazado también por los nazis. Las extravagantes teorías de Reich (quien en su afán de "disparar la energía sexual" consideraba que todo el mundo estaba "sexualmente reprimido" y propugnaba cosas como la sexualidad adolescente, la extensión de los anticonceptivos, la emancipación de la mujer y el aborto) no cuajaron en la sociedad nazi, que defendía la familia a ultranza y que atacó su artículo "La lucha sexual de la juventud". En Oslo también sería rechazado, y en EEUU fue condenado a dos años de prisión. Varias toneladas de sus publicaciones fueron quemadas a instancias de la FDA (Food and Drug Administration, poderoso organismo que domina la industria alimentaria y sanitaria) en 1956, en un inaudito acto de censura, quizás el más notable de toda la historia americana.

Reich declaraba haber descubierto el "orgón", una fuerza que él describía como omnipresente, azul, y responsable del clima, la gravedad, la formación de las galaxias y la expresión biológica de las emociones y la sexualidad, especialmente durante el orgasmo. Según su teoría, expuesta en "La biopatía del cáncer", el cuerpo humano recibía el orgón del Sol y la atmósfera. Su invención de acumuladores de orgón atmosférico en 1940 y sus declaraciones de poder curar el cáncer con ellos, supuestamente fueron la causa de que la industria sanitaria americana le censurase. Reich moriría en la cárcel en 1957, unos días antes de pedir libertad condicional.


El efecto Kirlian

La cámara Kirlian toma su nombre de un matrimonio ruso, Semyon Davidovich Kirlian y su mujer Valentina, que la inventaron accidentalmente en 1939, mientras experimentaban en el laboratorio del Hospital de Alma-Ata (Kazajstán) con campos electromagnéticos de alto voltaje. De forma parecida al Dr. William Kilner en 1911, descubrieron que aplicando un campo electromagnético entre el objeto a fotografiar y el papel fotosensible, quedaba plasmada una especie de aureola de energía. El régimen soviético (que a pesar de su materialismo cientifista siempre concedió importancia a los asuntos "paranormales", las medicinas tradicionales y la curación de enfermedades por ayunos y dietas) se interesó por este descubrimiento y financió las investigaciones del matrimonio.

Durante los años 60, junto con el Dr. Inyushin (Universidad de Kazajstán) y el Dr. Grishchenko (Universidad de Moscú), el matrimonio Kirlian ayudó a dar forma a la teoría de una sustancia biológica sutil a la que los soviéticos llamaron en 1967 "energía bioplásmica", bioplasmática, plasma biológico o plasma cósmico. Llegaron a la conclusión de que este "halo" de energía era una especie de flujo movedizo y radiante compuesto de electrones, protones e iones libres, y que podía considerarse un "quinto estado de la materia" (por encima de sólido, líquido, gas y plasma), dentro del cual el equilibrio entre partículas de carga positiva y negativa es relativamente estable. Cuando el equilibrio se trastorna, aparecen las enfermedades tanto psicológicas como físicas.

La efluviografía Kirlian no es una patraña pseudocientífica ni un fenómeno paranormal, sino un sistema electrográfico probadamente real, capaz de plasmar lo que se conoce en física como efecto corona (también llamado descarga de corona) de objetos tanto vivos como inanimados. Arriba, la contraposición entre el "aura" de un champiñón cultivado por métodos orgánicos y uno cultivado por métodos comerciales de producción en masa. Las raíces son visibles aunque se hayan arrancado, lo mismo pasa en el caso de miembros humanos mutilados: el aura de la pierna, el dedo o la mano, permanece tras su amputación. Las investigaciones están actualmente a cargo del Dr. Konstantin Korotkov, de la Universidad de San Petersburgo.

Que el método Kirlian "funciona" es algo aceptado. Donde sí hay polémica es en la naturaleza del campo energético fotografiado, así como en las diversas aplicaciones que esta fotografía podría tener. Sus partidarios afirman que se puede utilizar para conocer el estado de ánimo de una persona, para diagnosticar y hasta anticipar enfermedades, para saber si se miente, etc. Los certeros juicios de las personas con sensibilidad "psíquica" supuestamente vendrían dados por su capacidad para ver el aura humana, y por tanto para comprender directamente la esencia de un individuo, ya que hasta ahora es fácil actuar, fingir y mentir, pero nuestro campo electromagnético es infalsificable.

Actualmente las investigaciones al respecto están a cargo del físico Dr. Konstantin G. Korotkov, de la Universidad de San Petersburgo. Korotkov posee las patentes de 12 invenciones del campo de la biofísica, ha publicado más de 70 estudios en publicaciones científicas importantes, sus conferencias lo han llevado a 24 países y además es un avezado montañero con dos décadas de experiencia. Korotkov ha perfeccionado la técnica Kirlian con un invento suyo, el GDV (Gas Discharge Visualizations), otra cámara de bioelectrografía con la que se puede analizar y monitorizar muy pormenorizadamente los campos electromagnéticos vivos para conocer la salud de órganos, las características psicológicas de un individuo, el estado anímico y otros factores. En la Federación Rusa esta técnica está totalmente aceptada por el Ministerio de Salud, y el GDV catalogado como instrumento médico. En el mundo más occidental, en cambio, la sanidad está en manos de poderosas megacorporaciones privadas para las cuales las enfermedades son un enorme negocio, con lo cual una población totalmente sana sería la ruina para ellos. Aunque se dan conferencias y se empieza tímidamente a introducir esta nueva rama científica, el progreso en Occidente es más lento, y seguirá siéndolo hasta que el obsoleto sistema económico cleptocrático, usurero y supra-estatal sea cambiado.


El Neandertal y el campo magnético de la Tierra

El geofísico Jean Pierre Valet habla sobre la posible relación entre la desaparición del Neandertal con un fenómeno que afecta al campo magnético de la Tierra:

Hemos propuesto muchos escenarios para explicar la desaparición de los neandertales y ninguno de ellos es muy convincente actualmente. Hay una cosa que nadie ha notado y es que en el momento de la desaparición del hombre de neandertal que se produjo más o menos entre 40 mil o 35 mil años antes de nuestra era, el campo magnético de la tierra ha tenido una característica muy peculiar, su intensidad era muy débil y su dirección ha evolucionado considerablemente. Voy a explicar un poco de qué se trata. Cuando se coge una brújula actualmente, ésta va a apuntar hacia el polo norte magnético, que está muy cerca del polo norte geográfico, pero hace 40 mil años el polo norte magnético se encontraba cerca del polo sur geográfico. Se produjo lo que llamamos una inversión. Es probablemente lo que ocurrió durante el "evento Laschamp", que es cuando hace 35 mil años el campo magnético se hizo muy débil y dio lugar a una inversión. 

Son fenómenos que ocurren con frecuencia a lo largo de la historia de la Tierra, la última inversión se produjo hace 780.000 años pero también hay eventos mucho más rápidos durante los cuales el campo se desestabiliza durante un corto periodo para después volver a la polaridad inicial. Esto es justo lo que sucedió hace 40 mil años. Durante este periodo el campo se debilitó y permitió la entrada de radiación cósmica ya que la protección magnética del planeta estaba alterada. Debido a esto, muchas partículas provenientes del espacio van a alcanzar las capas bajas de la atmósfera y desencadenar una avalancha de reacciones químicas muy concentradas que van a atacar la capa de ozono destruyéndola parcialmente, en especial en la zona cercana a los polos. Ahora tenemos únicamente dos polos magnéticos pero durante el evento Laschamp sabemos que pudo tener muchos más. Debido a esta multipolaridad los ataques a la capa de ozono fueron más significativos. 

La capa de ozono nos protege de los rayos ultravioletas, especialmente de los B (UV-B), que son los que dañan la piel, y cuando la capa de ozono es afectada penetran más rayos ultravioletas. Actualmente observamos esto en el sur de Chile. En la ciudad de Punta Arenas, donde se han hecho numerosos experimentos, vimos que se ha producido un aumento alarmante del cáncer de piel y del número de melanomas malignos.

El hombre de neandertal tenía una morfología que no era tan alejada de la nuestra y contrariamente a lo que pensamos durante tiempo no estaba cubierto de pelos. Hemos demostrado mediante análisis genéticos que los individuos eran de piel clara y potencialmente con ojos azules o claros. El neandertal era un cazador y necesitaba facultades visuales muy importantes como para apuntar mejor a sus presas y cazar correctamente. 

Sabemos que en Europa hubo un agujero en la capa de ozono entre los años 35 mil y 40 mil gracias a los datos obtenidos de cálculos y análisis sobre rocas de la zona, en particular las rocas volcánicas en las que se acumulan diminutas partículas magnéticas después de que la lava se enfriase sobre ellas. 

No sabemos si en otros lugares hubo más extinciones, hemos calculado que como quiera que sea el campo magnético, bipolar o multipolar, la disminución de la capa de ozono será en latitudes elevadas, entre 45 y 90 grados norte o sur.

El hombre de neandertal empezó a desaparecer hace unos 40 mil años, su población disminuyó y suponemos que hubo reagrupamientos en el sur de España, en los alrededores de Gibraltar y habrían desaparecido hace 32 mil años. Suponemos que la desaparición se hizo en dos etapas, primero en Europa occidental y finalmente los últimos en Gibraltar. El campo magnético tuvo esas características especiales durante todos esos años.

Pensamos que el hombre moderno cohabitó con el Neandertal en las mismas áreas geográficas que éste, pero fue más resistente al campo magnético y no toda la población fue afectada. 

No hemos podido encontrar una correlación directa entre la desaparición de los insectos y la inversión del campo magnético. Dicho esto, hay extinciones masivas que se producen en fechas cercanas, la duda sigue en curso y muchos investigadores estudian sobre este problema. 

En cuanto a los homínidos, se encontraban principalmente en África, en una latitud demasiado baja y los grandes monos no fueron afectados ya que estaban recubiertos de pelo.


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En la segunda parte de este artículo veremos el ascenso de la contaminación electromagnética y cómo afecta a la salud humana y al equilibrio del planeta.